Hacia un espacio político común de la izquierda democrática dominicana
En los dos artículos anteriores sostuve que la izquierda dominicana enfrenta un doble desafío. El primero consiste en construir una mayoría democrática capaz de disputar el gobierno del país. El segundo, estrechamente vinculado al anterior, consiste en superar la fragmentación que durante décadas ha limitado su crecimiento político y electoral.
Si ese diagnóstico es correcto, la pregunta inevitable es la siguiente: ¿cómo comenzar a construir una alternativa política con posibilidades reales de crecimiento?
Mi propuesta es avanzar en la creación de un espacio político común de la izquierda democrática dominicana.
No se trata de fundar un nuevo partido ni de promover la desaparición de las organizaciones existentes. Tampoco se trata de una simple coalición electoral para una coyuntura determinada. La propuesta consiste en crear un espacio permanente de coordinación política y electoral en el que confluyan los partidos con reconocimiento electoral, las organizaciones políticas que aún no lo poseen, los movimientos sociales, los sectores ciudadanos y los liderazgos independientes comprometidos con un proyecto democrático de transformación nacional.
Un espacio para sumar, no para sustituir
Durante años, la izquierda dominicana ha debatido entre dos caminos: competir de manera independiente o integrarse en alianzas con los grandes partidos.
Existe, sin embargo, una tercera posibilidad.
Construir un espacio político común en el que cada organización conserve su identidad, su historia y su vida interna, pero decida compartir una estrategia nacional de crecimiento.
Ninguna organización tendría que renunciar a su nombre, a sus símbolos ni a su cultura política. Por el contrario, todas podrían fortalecerse mediante una plataforma compartida que multiplique su capacidad de acción y de representación.
La diversidad dejaría de ser un factor de dispersión para convertirse en una ventaja competitiva.
Fortalecer a quienes ya existen y abrir las puertas a quienes aún no llegan
Uno de los objetivos fundamentales de este espacio político común debe ser fortalecer a las organizaciones que hoy cuentan con reconocimiento electoral.
La legislación dominicana exige a los partidos mantener determinados niveles de representación y respaldo ciudadano para conservar ese reconocimiento. Actuar de manera coordinada aumenta significativamente las posibilidades de que todas las organizaciones participantes mantengan su personería jurídica y continúen aportando su identidad y experiencia al proyecto colectivo.
Pero el espacio político común también debe mirar más allá de las organizaciones ya existentes.
En todo el país existen agrupaciones locales, movimientos ciudadanos, colectivos comunitarios y nuevos liderazgos que desean participar en la política, pero carecen de una estructura electoral o de reconocimiento legal para hacerlo.
Lejos de competir con ellos, los partidos con registro electoral pueden convertirse en una puerta de entrada para esa nueva ciudadanía. Abrir las boletas, facilitar candidaturas y construir mecanismos transparentes de participación fortalecerían tanto a las organizaciones existentes como al conjunto de la izquierda democrática.
No se trata únicamente de conservar lo que ya existe, sino de crear las condiciones para que nuevas expresiones políticas puedan desarrollarse y, en el futuro, obtener también su propio reconocimiento electoral.
Una estrategia de crecimiento compartido
Toda propuesta política necesita metas. No como promesas electorales, sino como objetivos de construcción.
Un espacio político común debería proponerse, en primer lugar, superar el umbral del 2 % de la votación nacional, consolidando la presencia electoral de las organizaciones participantes y fortaleciendo su capacidad de representación.
Ese objetivo, aunque ambicioso, resulta alcanzable si las distintas expresiones de la izquierda democrática deciden acumular conjuntamente fuerzas en lugar de competir entre sí. Pero la mirada estratégica debe ir más lejos. La meta de mediano plazo debe ser alcanzar o superar el 5 % de los votos válidos, umbral que permitiría acceder al nivel de financiamiento público correspondiente a los partidos de mayor respaldo electoral, fortaleciendo así la capacidad organizativa, territorial y programática del proyecto de cara a los procesos electorales siguientes.
No se trata únicamente de obtener más recursos. Se trata de construir igualdad de condiciones para competir democráticamente frente a las grandes organizaciones políticas del país.
Objetivos concretos para 2028
Una estrategia de crecimiento también debe expresarse en metas de representación institucional.
Entre los objetivos razonables para las elecciones de 2028 podrían plantearse:
conservar el reconocimiento electoral de todas las organizaciones participantes;
alcanzar entre 30 y 40 regidores distribuidos en todo el territorio nacional;
obtener entre una y cinco alcaldías;
elegir entre uno y cinco diputados;
conquistar, al menos, una senaduría.
Más allá del número de cargos, la finalidad sería construir una presencia institucional equilibrada en los distintos niveles del Estado, fortaleciendo el trabajo territorial y la representación política de la izquierda democrática.
Una candidatura presidencial propia
Todo espacio político necesita una identidad visible ante la ciudadanía. Por esa razón, el espacio político común debería concurrir a la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2028 con una candidatura propia a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República.
Una candidatura común permitiría presentar un programa nacional, proyectar nuevos liderazgos y medir el respaldo ciudadano a una propuesta construida desde la izquierda democrática. Al mismo tiempo, esa estrategia ampliaría el margen de autonomía política del espacio común.
En caso de una segunda vuelta electoral, cualquier eventual acuerdo con otras fuerzas debería realizarse desde una posición de mayor fortaleza, sobre la base de compromisos programáticos claros y de una participación en el gobierno que responda al peso político alcanzado en las urnas, y no únicamente a la necesidad de asegurar la supervivencia de organizaciones individuales.
Reglas para construir confianza
Un espacio político común sólo será sostenible si descansa sobre reglas compartidas.
Será necesario establecer mecanismos democráticos para la toma de decisiones, elaborar un programa mínimo común, definir procedimientos transparentes para la selección de candidaturas y garantizar el respeto a la autonomía de cada organización.
La confianza política no surge espontáneamente; se construye mediante instituciones, normas y prácticas democráticas.
Un proyecto para una década
Las elecciones de 2028 no deben entenderse como el punto de llegada, sino como el inicio de un proceso de acumulación política.
El verdadero objetivo consiste en que la izquierda democrática dominicana deje de ser una suma de organizaciones que sobreviven por separado y se convierta en un actor político nacional con capacidad de influir en la agenda pública, ampliar su representación institucional y disputar democráticamente el gobierno de la República.
Si el espacio político común logra consolidarse, el proceso electoral de 2028 podría marcar el comienzo de una nueva etapa. No una etapa definida por la fragmentación, la competencia entre organizaciones afines o las alianzas coyunturales, sino por la construcción paciente de una alternativa democrática, plural, participativa y con vocación de poder.
Ese es el desafío. Y, al mismo tiempo, la oportunidad histórica que tiene hoy la izquierda democrática dominicana.
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